Teniendo en cuenta, que todas las historias de amor comienzan en un lugar muy, muy lejano y maravilloso; He decidido que esta historia se desarrollará en un cementerio, si, leyó ud. bien; En un cementerio, el más feo y descuidado, hediondo y alejado, pero maravilloso púes en el se desarrolla una historia de amor, ahhh!.
Matilda era una niña, de rasgos nacionales, de apariencia humilde, sus descalzos pies marcados por el andar de la vida pueblerina, de esa vida que no es fácil. Dónde la jornada comienza con la salida del sol y términa con él, dónde no existe el descanso y el único aliciente es recordar y soñar.
Un día de solecito ardiente, llegó al cementerio, un fornido caballero, montado en un asno blanco, de purá sangré. Matilda detuvo su andar para contemplar a ese caballero de ojos tan negros como tierra húmeda; el caballero al notar a la humilde muchacha también detuvo su andar y mirándola a los pies exclamo ¿Porqué no tienes zapatos? -Matilda avergonzada agacho su rostro y se fue corriendo.
Aquel caballero apresuró el andar de su flamane asno flamante asno, con el fin de alcanzarla, pero su esfuerzo fue en vano. La chica desapareció entre las tumbas y las flores secas.
(Esta historia continuará)...

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